El lunes tocamos en Paris, y el martes en Luxemburgo. Dos conciertos
completamente diferentes, con la misma música y los mismos músicos. En
esta carrera uno pasa de hoteles de cinco estrellas a colchones en la
casa de algún amigo; de salas llenas a medio vacías; de banquetes
suculentos y comida chatarra. Si el panorama es adverso uno lo saca
adelante, y si es muy cómodo uno lo disfruta como nadie; y si además lo
que hila todo es una música increíble y una buenísima compañía, todo
pasa a ser una anécdota más de esta impredecible y divertida vida
itinerante.
PARIS
El lunes a las 10
de la mañana Sofia todavía seguía intentando desesperadamente encontrar a
un ingeniero que nos hiciera el sonido por la noche, a un baterista que
nos prestara unas bases de platillo para Marcelo, a un bajista que nos
prestara un amplificador, a un afinador de pianos que pudiera venir
antes del concierto, a alguien que nos ayudara con la venta de las
boletas y de los CDs, y a gente para que viniera al concierto. Un
periodista muy importante le había escrito un e-mail a Sofia la noche
anterior diciendo que quería venir a nuestro concierto, y que tenía
intención de grabarlo para pasarlo por una radio también muy conocida-
es por eso que con más razón tenía sentido intentar adecuar la sala para
que el concierto sonara muy bien. La Maison de Portugal es parte del
complejo universitario parisimo “La Cité Université”, que tiene casas de
diferentes países en las que viven estudiantes y donde se realizan
eventos culturales de vez en cuando. Sofia había asistido alguna vez a
un concierto ahí, y los había contactó para ver si nos prestaban la
sala. No teníamos que hacer mayor papeleo, y tener el espacio a nuestra
disposición habría sido muy conveniente de no ser porque el lugar no
estaba equipado en lo más mínimo para albergar un concierto y la señora
encargada de todo estaba de viaje.
Fuimos con Marcelo a
dar una vuelta por el centro de Paris, y volvimos a la “Cité
Université” a las 3 de la tarde. Apenas entré ví que había un señor
afinando el piano de la sala: después de mucho insistir, Sofia había
conseguido convencer a la señora encargada (y que estaba en Portugal) de
que era justo que afinaran el piano (dado que nos habían dicho que
estaría en buenas condiciones para nuestro concierto). Un problema
menos! Sofia había dicho que llegaría a las 2.30pm, y ya eran las 4 y no
sabíamos de ella. “Ya estoy llegando con el ingeniero y el equipo en el
carro,” me dijo cuando la llamé por skype. “Si puedes vé a la entrada
con Marcelo y Petros y me ayudan a bajar todo que estoy con el ingeniero
pero necesitamos bajar todo el equipo. Y si puedes comprarme alguna
cosa de comer te lo agradecería mucho, que todavía no he tenido un
segundo para almorzar”. Petros fue a conseguir algún panini, y Marcelo y
yo esperamos a que llegara para bajar todo y comenzar a montar la sala.
“Si puedes ve ayudándome con las luces”, me dijo Sofia mientras hacía
mil llamadas telefónicas. Saqué unas seis luces de un cuartico detrás de
la sala, y duré como dos horas intentando hacer algo con ellas para ver
si lográbamos que el lugar tuviera un poco más de ambiente. Encontré un
poco de papel crepé azul y unos plásticos, y con unas tijeras que me
prestó el ingeniero hice lo que pude para darles algo de color (y para
que no termináramos el concierto ciegos- eran demasiado fuertes). Sofia
salió corriendo a la casa de Brasil y de Estonia, donde supuestamente
había también salas de conciertos (pensando que quizá ahí podrían tener
bases de platillo para Marcelo, o algún amplificador de bajo), pero no
consiguió nada y tuvo que volver con las manos vacías a seguir haciendo
llamadas. Marcelo mientras tanto probaba montar sus platillos en una
soporte de micrófono, ya que faltaban dos horas para el concierto y
todavía no habíamos conseguido las bases, y yo seguía intentando ver la
manera de poner las luces. “Conseguiste las bases?”, le pregunté a
Sofia. “No”, me dijo. “Pero lo que me preocupa más en este momento es
que el concierto es en dos horas y todavía no he podido hablar con la
persona que nos va a prestar el contrabajo!”.
Petros
viendo a ver si a través de algún amigo lograba conseguir bases de
platillos, Marcelo probando sonido e intentando montar sus instrumentos
como podía, yo lidiando con un cablerío imposible de luces y Sofia
pidiendo ayuda de algún baterista en Facebook para conseguir bases y
buscando la manera de conseguir hablar con el tipo que le iba a prestar
el contrabajo (y que llevaba toda la tarde sin contestar el teléfono).
La idea era que ella lo iba ir a recoger a las 6pm, pero nos habíamos
retrasado y eso ya iba a ser imposible. Su plan ahora era pedirle que
nos hiciera el favor de traernos el contrabajo, y ella le pagaría un
taxi (en realidad su plan era conseguir hablar con él primero, porque
seguía sin contestar el teléfono!). “Me parece que no deberíamos usar
luces, llevo dos horas intentando hacer algo con esto y no he podido”,
le dije a Sofia. “Pero este sitio no tiene nada de onda, mejor
usémoslas”, me contestó. “No! Las luces encandelillan mucho, el
escenario está lleno de cables que se ven muy mal, y se está quemando el
plástico que les puse y puede que en mitad de concierto tengamos que
evacuar por incendio!”. Sofia me hacía caras de que no disimulara un
poco el estrés, ya que había un periodista (que llegó 40 minutos antes
para ver si podía entrevistar a Sofia) que estaba sentado viendo toda la
escena... quizá ya estaba imaginándose el titular en alguna revista de
jazz: “Sofia Ribeiro, la cantante más estresada del país del fado”.
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| Marcelo
me tomó esta foto para que pudiera ver cómo se veía el piano con las
luces que habíamos puesto. Algunas luces rebotaban en la pared y
encandilaban al público, el papel crepé azul corría peligro de quemarse,
las caras de veían muy oscuras y el reguero de cables por el escenario
era asqueroso. |
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Sofia
llamó al lugar de ensayos en el que estaba el contrabajista, y logró
que se lo pasaran al teléfono finalmente. “Perdón, es que estabamos
tocando y aquí no hay señal- por eso no te había contestado. Lo siento,
no voy a poder llevarte el contrabajo”, dijo. Un par de madrazos al
aire, y luego de contar hasta diez y respirar profundo, llamó a un buen
amigo que iba a venir a nuestro concierto y que también es
contrabajista. “Me hubieras dicho antes”, dijo. “Claro que te lo presto,
lo único es que sólo puedo llegar a la hora del concierto...” Una
cierta paz rodeó la escena: no alcanzaríamos a probar sonido, pero al
menos no íbamos a tener que hacer el concierto sin contrabajo (que viene
siendo el 25% de la banda!). Logré finalmente convencer a Sofia de que
desistiéramos de usar las pinches luces, y muy contento volví a
guardarlas en el cuartito de atrás para subir a ponerme una camisa.
Sofia subió corriendo al cuarto a cambiarse también, intentando evitar a
algunos amigos que querían saludarla y que ya habían llegado para el
concierto. Mientras tanto yo le pedí el favor a una amiga colombiana que
vino a vernos y a quien no veía hace años, que nos ayudara con la venta
de tiquetes, ya que por supuesto no tendríamos a nadie ayudándonos con
esa parte tampoco. Llegó nuestro amigo sudando con su contrabajo al
hombro (para los que no sepan cómo es un contrabajo, búsquenlo en google
e imaginense lo que es cargar con eso por el metro de Paris!) y tocamos
una canción para probar al menos un poco el sonido, mientras se
acumulaba la gente en la entrada. Subí nuevamente al cuarto corriendo
por los CDs, y con gestos le pedí perdón a mi amiga por estar abusando
de la confianza mientras le explicaba cuales eran los precios y le
escribía una tablita para que apuntara lo que fuera vendiendo.
Comenzamos
a tocar con la sala medio llena, y en el segundo tema le hice gestos
desde adentro a mi amiga que nos estaba ayudando a vender CDs para que
entrara (no quería que se quedara afuera todo el concierto, cuando
inicialmente había venido a escucharnos!). Después de la segunda canción
ví que había una gente en la puerta mirando a través del vidrio.
Mientras Sofia explicaba la siguiente canción le hice nuevamente gestos a
mi amiga de que fuera a abrirles (y probablemente a cobrarles la
entrada), pero ella sólo me vió justo en el momento en el que un señor
abrió la puerta y entró a la sala. En ese momento yo intenté decirle
desde el piano que lo dejara así, pero ella no me alcanzó a ver y se fue
detrás del señor que había entrado para cobrarle la entrada. Molesto
(supongo que por haber sentido que alguien le estaba pidiendo que cobrar
una vez ya había entrado, en frente de todo el mundo), el señor se
salió de la sala nuevamente, y yo me levanté del piano y me excusé un
segundo con el público. “You can stay”, le dije, ya en el pasillo. “But
is it 10 euros?”, me dijo. “Don’t worry”, le dije, y el tipo me seguía
mirando con cara de pocos amigos. “Please”, insistí, y el tipo de mala
gana entró a la sala. Yo no sabía si él era el tal periodista que
supuestamente había quedado de venir al concierto y que quería grabarlo,
y no quería ser culpable de alguna nota en la radio en la que nos
presentaran como los “músicos malagradecidos que intentaron cobrarle la
entrada a un reputado periodista que venía dispuesto a escribir una nota
y a grabar su concierto para la radio”. El ‘percance’ me desconcentró
mucho y me costó dejar de sentirme un poco mal por el tipo, por mi amiga
que no entendía porque le había hecho caras para luego salir de la sala
a dejarlo entrar, por pensar que quizá él era el periodista famoso y
habíamos quedado muy mal con él por haberle cobrado la entrada, etc.
Sofia
tuvo que lidiar con una distorsión todo el concierto (con esa prueba de
sonido de dos minutos no alcanzamos a hacer nada), Marcelo se las
arregló para poner todo amarrando sus platillos y sus efectos de
percusión a dos bases de micrófonos, yo estuve muy desconcentrado viendo
a la gente que se asomaba por la puerta, y Petros no se pudo oir
durante el concierto porque no tenía monitor. No fueron las condiciones
más idóneas, y sin embargo a la gente le encantó y nos aplaudieron
muchísimo, hubo momentos buenísimos musicales entre nosotros y vinieron
amigos de muchos lugares que no veíamos hace mucho. Vendimos algunos CDs
y después del concierto y de terminar de organizar todo fuimos a
tomarnos algo en frente del lugar con un grupo de gente increíble que
salió super feliz de habernos oído tocar. Nos fuimos a dormir
completamente exhaustos a las 2.30 de la mañana, y a las 9 del día
siguiente salimos con Sofia en el carro nuevamente a devolver todo el
equipo al otro lado de Paris, para luego volver a recoger a Marcelo y a
Petros y viajar hasta Luxemburgo.
pd: El tipo que entró
a nuestro concierto en la mitad terminó siendo un
cretino que simplemente estaba pasando por ahí, y pese a que lo
invitamos y a que yo intenté ser querido con él, me ignoró y pasó de
largo cuando me acerqué a despedirme de él. El periodista famoso que
había dicho que grabaría el concierto para una radio muy conocida (razón
por la cual Sofia insistió tanto en alquilar un buen equipo), nunca
llegó.
LUXEMBURGO
Manejé
casi todo el trayecto desde Paris a Luxemburgo, con alguna parada para
comer y despertarme un poco. Llegamos a un pueblito en el campo, y ahí
llegamos al lugar con ayuda de nuestro querido amigo GPS. Esa noche
tocaríamos en “L’Inoui”, el más importante club de jazz del país.
Dejamos el carro en frente del lugar y bajamos a probar sonido. Marcelo
montó su set de percusión y Sofia conectó su micrófono, y a los 10
minutos de haber llegado ya estábamos probando sonido. Una vez cómodos
con el sonido salimos a una casita a diez metros del club, que el dueño
tiene para hospedar a los músicos que tocan ahí. La casa es era enorme y
tenía cuartos para todos, y ahí descansamos un rato antes de volver al
club para cenar. Nos sentamos para disfrutar de una comida deliciosa con
buen vino, y después de poco tiempo vino el dueño a decirnos que ya iba
a apagar las luces para que comenzáramos el concierto. El lugar estaba
lleno total, y tocamos dos sets que terminaron en una ovación de pié por
los asistentes, que nos pidieron que tocáramos tres canciones más. Al
final nos compraron muchísimos CDs y nos elogiaron mucho, y al final nos
quedamos un rato conversando con algunos de los asistentes y tomando
cerveza y vino luxemburgués. A las 2 de la mañana nos fuimos a dormir un
par de horas a nuestra cómoda casita (que no pudimos disfrutar mucho
porque a la mañana siguiente temprano teníamos que ir a dejar a Petros y
Marcelo al aeropuerto).
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| Terminamos
la gira con el concierto de Luxemburgo con muchos CDs vendidos, y buen
vino y cerveza luxemburguesa. Petros Klampanis (contrabajo, Grecia),
Sofia Ribeiro (voz, Portugal), yo y Marcelo Woloski (percusión, Argentina). |
FIN.